En el Batalla creemos en una revolución que no hace ruido, pero lo cambia todo. Empieza con una palabra amable, un gesto de respeto y una mirada que cuida. Ser amables entre nosotros no es algo pequeño: es una forma de transformar el centro. Porque la amabilidad es nuestra revolución silenciosa.
Convivencia y bienestar son un binomio que puede ayudar a nuestra formación como personas. Y si además lo combinamos con el buen trato hacia las y los demás, esto constituye ya una ecuación perfecta, que hace que la vida en el IES Batalla de Clavijo sea agradable y a que vengamos a trabajar y a estudiar con ilusión. Esto se convierte en la esencia básica, en la seña de identidad de nuestro centro, donde el respeto y la forma de relacionarnos son los ejes vertebradores. Esto exige que cada persona de la comunidad educativa asuma su responsabilidad. Pero esto no surge de la nada, sino que necesita una interacción constante para generar las condiciones necesarias que lleven a esta forma de hacer las cosas y de entender la educación.
Buena muestra de ello es el programa de Tutores emocionales, donde el propio alumnado elige a personas de su clase para que hagan una labor de ayuda y colaboren en el bienestar, tanto a nivel de grupo como en aquellos casos individuales en los que sea necesario.
No podemos olvidarnos de la acción tutorial, donde hemos desarrollado el programa EL JARDÍN DE LOS BUENOS TRATOS. Esta es una iniciativa que surge de la necesidad que el profesorado detectó al observar la manera en que nuestro alumnado se relacionaba. El insulto o la descalificación son entendidas por nuestros jóvenes como algo normal y generalizado entre amistades, donde escasean las buenas palabras y el respeto entre iguales. Eso nos preocupa porque sabemos que aquello que empieza como una broma no siempre acaba bien… Con esta dinámica hemos querido reflexionar y dialogar con ellas y ellos sobre el impacto que nuestras palabras pueden tener sobre los demás, o por qué nos da vergüenza decirnos cosas buenas, halagos o palabras positivas. A partir de ahí una pauta sencilla: papel continuo sobre el que pegar flores de diferentes colores donde previamente hubiesen escrito algo que considerasen que podía mejorar los buenos tratos en el aula. La imaginación y la creatividad entonces se convirtieron en protagonistas, cada clase hizo su propia interpretación del “jardín de buenos tratos” y no podemos estar más orgullosas y orgullosos del resultado. Agradecemos por ello vuestra implicación, compromiso y entrega. Esto alimenta el buen clima que se respira en el centro y favorece la convivencia.






