ERASMUS Building Europe. Values That Connect Us MOVILIDAD A DUBLÍN (12 a 19 de abril)
La semana de trabajo en Irlanda realizada dentro del programa Erasmus “Building Europe. Values That Connect Us” ha supuesto una verdadera experiencia de inmersión. Una semana en que, más allá de los contenidos académicos, la interactuación con los compañeros, profesorado y en el entorno fuera de la academia –acogedora y bien gestionada- ha reforzado la naturalidad y la fluidez a la hora de comunicarse en otra lengua. Aunque una semana es un periodo muy breve, sí que permite activar herramientas e incorporar algunos recursos que de otra manera no dejarían de quedar en el plano puramente teórico. El objetivo: poder aplicar las metodologías recibidas a nuestras propias clases y, sobre todo, adquirir una mayor soltura a la hora de contactar con los colegas de otras procedencias en las distintas actividades que realicemos dentro de este programa.
Además, Irlanda es un espacio tan cercano y amable por sus paisajes y por su gente que cualquier situación es perfecta para adquirir algo nuevo y enriquecedor: visitas a espacios naturales como Glendalough, clases en la National Gallery o la posibilidad de disfrutar de la rica vida cultural de Dublín (conciertos, exposiciones y, por supuesto, ir de compras). A cambio, compartimos actividades donde expusimos cómo era la vida en nuestro país y las características más significativas de nuestro instituto. A ello se sumó una feria de gastronomía internacional con productos que cada alumno llevamos al centro: el vino de Rioja no faltó.
Dejo para el final uno de los aspectos más enriquecedores de la experiencia: la humana. Tras varios viajes con alumnos, esta era la primera vez que afrontaba un viaje sin acompañamiento. Erasmus es convivencia, y durante una semana los profesores que configuramos el grupo, provenientes de Francia, Italia y Eslovaquia, nos convertimos en un grupo cohesionado y colaborador. Nos unía el propósito de que la experiencia fuera enriquecedora, por lo que pese a nuestra diversidad en cuanto a expectativas y a intereses personales se potenció el trabajo conjunto. La forma de trabajo, basada en actividades dinámicas y lúdicas alternadas con tareas más propiamente mecánicas, permitía que esa interactuación hiciese aflorar dudas o dificultades que hacían más espontáneo y directo el aprendizaje.
En suma, una demostración inmejorable de que el programa Erasmus permite adquirir valores y contribuir a una formación más rica y completa de quienes participan en él.










